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martes, 17 de mayo de 2011

Poner límites: una educación positiva (II)

Educar con autoridad y a la vez con justicia no es siempre sencillo. En muchas ocasiones nuestros hijos no entienden "las razones" de los padres y malinterpretan sus actos. Pero si se corrige a los hjos con sentido de justicia y honestidad, éstos lo comprenden y lo agradecen a medida que se hacen más adultos.

Los padres tienen muchas veces que "mandar" a sus hijos, pero no todo el mundo tiene autoridad y se hace repetar. Para alcanzar esta respetabilidad, "saber y poder mandar", se deben considerar los siguientes enunciados:

* No se puede mandar hoy una cosa amparándonos en unas razones concretas, sentando una norma, y al día siguente mandar otra cosa distinta y contradictoria con las razones esgrimidas el día anterior. Mantener hoy una norma que a los pocos minutos no vale nos hará perder credibilidad.
* Cuando se ha tomado una dicisión hay que mantenerla. Previamente habrá que razonarla, pero una vez tomada por considerarla la más conveniente. deberemos mantenerla aunque cueste algún esguerzo o sacrificio. Esto no supone mantener actitudes de "obstinación"; en cualquier momento, si consideramos que nos hemos equivocado, podemos/debemos reconsiderar nuestra postura, aunque también explicando nuestros nuevos motivos.
* Exigir a los demás lo que nosotros somos capaces de hacer. Mantener una cierta congruencia de vida ante los ojos cada vez más críticos de nuestro hijo es fundamental. No podemos pedir orden a nuestro hijo cuando nosotros somos un desastre. Nuestros hijos se fijarán más en lo que hacemos que en lo que decimos, y nuestrs exigencias deberán poder ser sostenidas ante un intento de discusión con nuestro hijo.
* Nuestros hijos deben apreciar y percibir que nosotros, aún siendo adultos, también nos esforzamos en mejorar, en aprender y en corregir nuestros posibles hábitos inadecuados.
* Mostrarnos como personas que saben controlar sus emociones, equilibradas. La incapacidad para dominar nuestras emociones (ira, enfado, agresividad...) nos puede llevar a dar órdenes y tener reacciones que después tendremos que corregir.
* Ser tolerantes en las pequeñas cosas para poder exigir en las fundamentales, pues de lo contrario podemos caer en el error de estar continuamente haciendo reproches a nuestros hijos. Esto nos puede hacer perder su confianza al convertir nuestra relación con él en algo desagradable y que por tanto se puede evitar, perdiendo capcidad de influir en lo verdaderamente importante.
* Mostrar nuestro interés por el resultado de las acciones, no quedarnos sólo en el "mandar". Muchos padres empiezan a dar órdenes a diestro y siniestro y cuando han teminado el torbellino de consignas se ponen a leer el periódico o desaparecen de sus casas.
* Disponer de una gran dosis de paciencia. Siendo perseverantes, iremos consiguendo más cosas que panteando las cosas ocn estridencia.
* Incorporemos a nuestro hijo en el proceso de tomar una decisión. Dando participación, pidiendo su opinión, no se corre el riesgo de perder autoridad; por el contrario, mostramos lo difícil que resulta a veces decidir y acertar en la decisión.




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